Primarias municipales: un arma de doble filo
Las primarias municipales son, para cualquier candidatura que las evalúe, una decisión mucho más estratégica de lo que su nombre sugiere. La Ley N° 20.640, vigente desde diciembre de 2012, regula el sistema de elecciones primarias en Chile para los cargos de Presidente de la República, senadores, diputados, gobernadores regionales y alcaldes. Para el ciclo municipal y regional de 2028, la fecha prevista de primarias es el 9 de julio, poco más de tres meses antes de la elección definitiva de octubre. Entender bien cómo funciona este mecanismo, y sobre todo qué implica decidir usarlo, es una definición estratégica temprana para cualquier candidatura o pacto que esté pensando en ese ciclo.
Cómo funciona, en lo esencial
Someterse a una primaria es completamente voluntario. Cada partido, individualmente o en pacto con otros, decide internamente si participa, conforme a sus propios estatutos y a la Ley Orgánica Constitucional de Partidos Políticos. Los partidos que optan por no ir a primarias simplemente designan a su candidato a través de su Órgano Intermedio Colegiado interno. Además, la decisión no tiene por qué ser uniforme en todo el país: un pacto puede optar por hacer primaria solo en las comunas donde exista una disputa interna real, y designar directamente al candidato en el resto.


El detalle que cambia todo: es vinculante
Aquí está el punto que más candidaturas subestiman. Una vez que un partido o pacto formaliza su decisión de ir a primaria, el resultado es legalmente vinculante. El artículo 36 de la ley es explícito: el candidato que participó en la primaria y no resultó nominado no puede presentarse en la elección definitiva por el mismo cargo y territorio, ni su partido o pacto puede declarar a otro candidato en su reemplazo. No existe, en la práctica, un plan B. Decidir competir en una primaria es una apuesta de una sola vía.
Por qué esto importa como decisión estratégica, no solo procedimental
Una primaria bien planteada puede fortalecer a un candidato: lo obliga a construir una base de apoyo real antes de la elección definitiva, mide su fuerza efectiva frente a la competencia interna, y en algunos casos genera una cobertura mediática que un candidato designado a dedo simplemente no obtiene. Pero también tiene un costo real: expone divisiones internas del propio sector a la vista del adversario, meses antes de la elección que realmente importa, y una primaria que se vuelve áspera puede dejar heridas dentro de la propia coalición que luego cuesta cerrar a tiempo para la campaña definitiva.
La pregunta que un candidato o un pacto debería hacerse no es “¿tenemos derecho a ir a primaria?”, sino “¿nos conviene, en este territorio específico, arriesgar una decisión sin vuelta atrás a cambio de la legitimidad y la movilización que puede darnos?”. La respuesta no es la misma en todas las comunas, y tratarla como una decisión genérica de partido, sin análisis territorio por territorio, es uno de los errores más comunes al planificar un ciclo electoral con más de dos años de anticipación.
La misma lógica de evaluar el terreno antes de comprometerse la revisamos en nuestra nota sobre el posicionamiento político 2028. El texto legal completo está en el Servicio Electoral de Chile.
¿Sabe si a su candidatura le conviene ir a primaria en su comuna o territorio específico?
Conversemos sobre cómo evaluamos esa decisión antes de que se vuelva irreversible.
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