Nivel educativo y voto: los 4 millones que cambiaron todo
El nivel educativo y el voto están conectados de una forma que el voto obligatorio hizo mucho más visible. Según un análisis de la Encuesta CEP N°95, basado en trabajo académico de Chuaqui et al., la participación electoral pasó de 56% en la segunda vuelta presidencial de 2021, todavía bajo voto voluntario, a 86% en el plebiscito constitucional de septiembre de 2022, el primero con inscripción automática y voto obligatorio. Esa transición incorporó a más de cuatro millones de electores nuevos, y ese bloque no se repartió al azar entre todos los perfiles posibles: se concentró, de manera desproporcionada, entre los más jóvenes y entre quienes tienen menor nivel educacional.
Por qué esto no es un dato demográfico más
El nivel educativo no solo describe cuántos años de estudio tiene una persona. Se correlaciona, de forma medible, con cuánto sigue esa persona la conversación política cotidiana. Un análisis del Laboratorio de Estudios en Sociedad y Política (LEAS) de la Universidad Adolfo Ibáñez encontró que, en una escala de interés en noticias políticas, quienes alcanzaron educación media completa o niveles más bajos promediaron 4,0 puntos, frente a 5,9 entre quienes pasaron por educación terciaria. Es una brecha casi tan amplia como la que existe entre regiones y la Región Metropolitana, que revisamos en nuestra nota sobre jóvenes de región.


Dos datos que, juntos, dibujan un electorado distinto
Puestos uno junto al otro, estos hallazgos describen algo concreto: una porción grande y relativamente nueva del electorado obligatorio tiene, en promedio, menor exposición previa a la conversación política, menor identidad política definida y, según caracteriza la propia CEP, un comportamiento más impredecible que el del votante tradicional. No es un electorado desinteresado en el sentido de ausente, porque vota igual que todos los demás. Es un electorado que llega a la urna con menos capital informativo acumulado sobre candidatos, programas y siglas partidarias.
Lo que esto significa para el mensaje
Una campaña construida sobre el supuesto de que el electorado sigue la política con el mismo nivel de detalle que un panelista de televisión, con referencias técnicas, siglas de coaliciones y vocabulario especializado, no está siendo más sofisticada. Está, en la práctica, dejando de lado a un segmento amplio y bien documentado del electorado real, el mismo que el voto obligatorio incorporó de golpe hace apenas unos años. La claridad y la concreción no son una simplificación del mensaje. Son la forma de efectivamente llegar a la mayoría del padrón, no solo a quienes ya seguían la política de cerca.
¿Su mensaje está calibrado para el electorado que realmente vota hoy, o para el que seguía la política antes del voto obligatorio?
Conversemos sobre cómo ajustamos el lenguaje de campaña al electorado real de su territorio.
LLEGAMOS A TODO CHILE
Programa una reunión

