Campañas digitales: más seguidores no es más votos
Las campañas digitales de la elección presidencial de 2025 fueron analizadas por especialistas separando a los candidatos en tres niveles según su alcance en redes sociales. En el primer nivel, con la comunidad más grande y consolidada, se ubicaron Evelyn Matthei y José Antonio Kast. En el tercer nivel, sin una plataforma robusta de seguidores, aparecían Carolina Tohá, Jaime Mulet y Francesca Muñoz. Si el tamaño de la audiencia digital determinara el resultado electoral, Matthei debería haber estado asegurada en la segunda vuelta. No lo estuvo: el balotaje de diciembre de 2025 se definió entre Jeannette Jara y José Antonio Kast.
Lo que dice la evidencia académica, no la intuición
Un estudio publicado en la revista chilena Scielo, que analiza información política en redes sociales y participación electoral mediante la metodología de Full Matching, revisa experimentos de campo rigurosos realizados en Facebook en Estados Unidos que encontraron algo incómodo para la intuición dominante: la exposición a información electoral en esa plataforma no se traduce en mayor participación. Otros estudios longitudinales sí encuentran que el uso político de redes sociales aumenta actividades políticas offline, como intentar convencer a otra persona de votar por un candidato, pero eso no equivale a medir el voto mismo.
Una revisión académica más reciente, publicada en la revista Enfoques (2025) y centrada en el impacto de Twitter, Facebook e Instagram en distintas elecciones, llega a una conclusión todavía más directa: cuando aparece una correlación estadística entre actividad en redes y resultados electorales, esa correlación no implica causalidad. Es más probable que ambas variables respondan a una causa común, como la fama previa del candidato o su capacidad de producción de contenido, que también explica los resultados en las urnas de forma independiente.


El caso que sí funcionó, y por qué no fue por volumen
El “efecto Parisi” de 2021, que revisamos en nuestra nota sobre inteligencia electoral, sigue siendo la referencia que muchas candidaturas intentan replicar. Pero su éxito no vino de acumular la mayor cantidad de seguidores posible, sino de conectar con un segmento específico de electores desafectos con la política tradicional, en un momento en que ese segmento no tenía otra opción disponible. Fue precisión de mensaje y de segmento, no volumen de audiencia.
Lo que esto cambia en la forma de medir una campaña digital
Medir el éxito de una estrategia digital por cantidad de seguidores, likes o vistas es medir atención, no persuasión ni movilización. Son métricas fáciles de reportar y difíciles de traducir en resultados reales. La pregunta que sí importa es si esa actividad digital está efectivamente llegando al segmento identificado como persuadible o movilizable, el mismo que describimos en nuestra nota sobre propensión al voto, y si ese contacto se puede verificar contra un comportamiento real, no solo contra una cifra de interacciones.
¿Su estrategia digital está midiendo alcance, o está midiendo votos potenciales?
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