Propensión al voto: deje de adivinar quién lo apoya

Propensión al voto: deje de adivinar quién lo apoya

La propensión al voto es, en esencia, la pregunta que toda campaña cree responder por intuición y que rara vez mide de verdad. El caso más citado sobre esto lo documenta el periodista Sasha Issenberg en su libro The Victory Lab: en la elección al Senado de Colorado en 2010, el candidato demócrata Michael Bennet llegó al día de la votación 74.000 boletas por detrás de su rival en el voto anticipado, un déficit que parecía sentenciar la elección. Ganó por 15.000 votos. Detrás de ese resultado no hubo un giro de último minuto en el discurso de campaña, sino una operación de identificación de votantes que había detectado a 25.000 personas cuidadosamente seleccionadas por su alta probabilidad de apoyar a Bennet si efectivamente iban a votar.

Dos preguntas, no una

Un modelo de propensión al voto separa algo que la intuición política casi siempre mezcla: la probabilidad de que una persona vote, y la probabilidad de que, si vota, apoye a un candidato específico. Son dos variables distintas, y confundirlas es el error más costoso de una campaña. Persuadir a alguien que de todas formas no iba a votar es esfuerzo perdido. Movilizar a alguien que, si vota, apoyará al adversario, es literalmente ayudar a la otra campaña. El verdadero blanco de la persuasión son quienes tienen alta probabilidad de votar pero baja probabilidad de apoyo definido. El verdadero blanco de la movilización son quienes tienen alta probabilidad de apoyo pero baja probabilidad de votar sin un empujón adicional.

Una industria que durante años funcionó sin datos

Issenberg documenta algo revelador sobre la consultoría política estadounidense de comienzos de siglo: uno de sus principales estrategas la describió como prácticamente la única industria sin investigación de mercado real, sostenida más en el instinto de sus operadores que en evidencia medible. La revolución que describe el libro es, justamente, el paso de ese instinto a modelos que efectivamente miden ambas probabilidades, votante por votante.her.

Cómo se traduce esto a la legalidad y los datos disponibles en Chile

Chile no cuenta con un archivo público de historial de votación individual como el que existe en Estados Unidos, y no debería buscarse esa equivalencia por temas legales y de protección de datos. Lo que sí existe, y es completamente legal, es información agregada de alta calidad: resultados históricos por mesa y comuna publicados por el Servel, indicadores socioeconómicos del INE, y la segmentación GSE de AIM que revisamos en nuestra nota sobre segmentación socioeconómica. Cruzando esas fuentes con el mapa territorial que desarrollamos en nuestra nota de geomarketing electoral, sí es posible construir un modelo de propensión real, aunque a nivel de segmento y territorio, no de cada persona identificada individualmente.

Por qué esto cambia el presupuesto de campaña

Sin este ejercicio, una campaña reparte su presupuesto de persuasión y movilización de manera pareja, o peor, según la intuición de quien la dirige. Con un modelo de propensión, ese mismo presupuesto se concentra exactamente donde puede cambiar el resultado, ni en los votos ya asegurados ni en los que nunca se moverán.

¿Sabe qué segmento de su electorado es realmente persuadible, y cuál solo necesita un empujón para votar?

Conversemos sobre cómo construimos ese modelo con datos legales y reales de su territorio.

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