Movilización electoral: la lección de 2020 y 2022

Movilización electoral: la lección de 2020 y 2022

La movilización electoral, y no el cambio de opinión, es la variable que mejor explica uno de los vuelcos más marcados en la historia electoral reciente de Chile. El 25 de octubre de 2020, un 78,27% de los chilenos que fueron a votar respaldó la idea de una nueva Constitución. Menos de dos años después, el 4 de septiembre de 2022, un 61,86% del electorado rechazó el texto que esa misma idea terminó produciendo. Misma pregunta de fondo, cambiar la Constitución, mismo país, veintitrés meses de diferencia. Y, aun así, el resultado se invirtió casi por completo.

La explicación más cómoda es política: que la Convención decepcionó, que el texto propuesto no convenció. Es parte de la historia, pero no es toda la historia. La variable que más cambió entre octubre de 2020 y septiembre de 2022 no fue, principalmente, la opinión de los chilenos. Fue quiénes, exactamente, estaban votando.

Dos elecciones, dos electorados completamente distintos

El plebiscito de 2020 se realizó bajo voto voluntario, vigente en Chile desde 2012, y tuvo una participación de 50,95%, 7.569.082 personas, entonces la mayor votación de la historia reciente del país. El plebiscito de salida de 2022 fue la primera elección nacional con voto obligatorio desde ese mismo año 2012, y llevó a las urnas a 13.028.739 personas, 85,86% del padrón, la mayor cantidad de sufragantes registrada jamás en Chile.

Eso significa que, entre una elección y otra, casi 5,5 millones de personas que no habían votado en 2020 sí lo hicieron en 2022, obligadas por ley. Un análisis del centro de estudios Libertad y Desarrollo, cruzando resultados por comuna, estimó que cerca de 4,4 millones de esos nuevos votantes se inclinaron por el Rechazo, una proporción cercana al 95% de ese segmento específico. No fue, entonces, que el país completo cambiara de opinión: fue que un bloque de votantes que en 2020 simplemente no había participado, en 2022 sí lo hizo, y ese bloque pensaba distinto al que sí había ido a votar dos años antes.

Movilización electoral: por qué esto importa más allá de un plebiscito

La pregunta que cualquier campaña, o cualquier estrategia de activación ciudadana en gestión pública, debería hacerse no es solamente “¿cómo convenzo a más gente?”, sino, antes que eso: “¿quién de los que hoy no está participando me sería favorable si participara, y quién de los que sí participa hoy me es adverso?”. Son dos preguntas distintas, con dos estrategias distintas detrás. Convencer a alguien que ya vota es un ejercicio de persuasión. Activar a alguien que no vota, pero que naturalmente estaría de tu lado si lo hiciera, es un ejercicio de movilización, y en una elección reñida, puede pesar tanto o más que la persuasión misma.

El caso 2020-2022 es, hasta ahora, el ejemplo más claro y mejor documentado de esa diferencia en la historia electoral reciente de Chile.

La misma lógica de leer qué corriente específica se está moviendo, y no solo el promedio, es la que aplicamos en nuestra nota sobre inteligencia electoral. Los resultados oficiales de ambos plebiscitos están disponibles en el Servicio Electoral de Chile.

¿Sabe qué parte de su electorado favorable hoy no está participando?

Conversemos sobre cómo diseñamos estrategias de activación de voto basadas en quién realmente falta en la urna.

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