Programa o persona: la pregunta está mal planteada
Programa o persona suena a una elección entre dos caminos opuestos: o se construye una candidatura sobre propuestas técnicas y un plan de gobierno detallado, o se construye sobre la imagen y la biografía del candidato. La evidencia disponible sobre comportamiento electoral en Chile sugiere que esa dicotomía está mal planteada desde el inicio. No compiten entre sí. Uno funciona como filtro del otro.
El atributo que decide si alguien escucha el resto
El Boletín CEP N°93, “Chile indiferente” (2025), es claro en esto: la “honestidad y confiabilidad” es, de lejos, el atributo más valorado en un liderazgo presidencial, tanto entre quienes se identifican políticamente como entre quienes no. Entre este último grupo, los no identificados, dos atributos pesan todavía más que el promedio general: la preocupación por los problemas reales del país y la preocupación por los problemas de personas como uno. Es decir, antes de que el contenido de un programa de gobierno se evalúe en sus méritos, el electorado ya decidió, a partir del carácter percibido del candidato, si vale la pena prestarle atención a ese contenido.


Lo que confirma la elección de 2025
La sexta entrega de la serie “Clima Social” de ICSO-UDP, aplicada durante la campaña presidencial de 2025, agregó un matiz relevante sobre el electorado resignado, aquel que vota sin sentirse identificado con ningún candidato. Ese segmento prioriza una combinación específica: firmeza en las propuestas junto con honestidad en el discurso, evitando al mismo tiempo cualquier señal de autoritarismo explícito que pudiera alejarlo. El mismo análisis identificó un desafío distinto para las candidaturas de izquierda: no bastaba con movilizar a la base ya convencida, sino que era necesario lograr que un proyecto redistributivo, de por sí una propuesta de largo plazo, resonara en un electorado cuyas urgencias inmediatas eran la inseguridad y la precariedad económica del día a día, no la justicia social a futuro.
El programa solo funciona si habla del presente urgente
Ahí está la segunda pieza del rompecabezas. Un programa de gobierno técnicamente sólido, pero formulado en el horizonte temporal equivocado, con el énfasis puesto en resultados de largo plazo cuando el electorado está evaluando su situación de hoy, tiene menos capacidad de conectar, incluso si el diagnóstico de fondo es correcto. No es que a las personas no les interesen las propuestas. Es que evalúan primero si quien las presenta es confiable, y después si esas propuestas responden a lo que les urge ahora, no a lo que podría mejorar en una década.
Lo que esto cambia en la práctica
La pregunta útil no es “¿lidero con programa o con imagen personal?”. Es si el programa está siendo traducido a un lenguaje que primero construye confianza y después conecta con la urgencia inmediata del electorado, en lugar de presentarse como un documento técnico que solo convence a quien ya confiaba de antemano. Esta misma lógica de leer primero la emoción y después el contenido es la que desarrollamos en nuestra nota sobre el voto indeciso.
¿Su programa está hablando del futuro que usted quiere construir, o de la urgencia que su electorado siente hoy?
Conversemos sobre cómo traducimos propuestas técnicas en un mensaje que efectivamente conecta.
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