Por qué unos ministerios se salvan y otros caen
El posicionamiento político, aplicado a un gabinete completo, explica algo que el promedio de aprobación presidencial nunca muestra por sí solo: por qué algunas carteras resisten mientras otras se hunden. En “Positioning: The Battle for Your Mind”, el libro que en 1981 redefinió cómo se piensa el marketing moderno, Al Ries y Jack Trout plantean una idea que rara vez se traslada a la gestión pública: cada categoría de producto tiene su propia “escalera” en la mente del consumidor, con una marca en cada peldaño, y ser líder no significa ganar en todas las categorías a la vez. Significa ocupar el primer peldaño en una categoría específica y bien delimitada.
Un gobierno funciona exactamente igual. La ciudadanía no evalúa “al gobierno” como una sola marca indivisible. Evalúa, en paralelo, una escalera de seguridad, una de economía, una de salud, una de relaciones exteriores, cada una con su propio líder y sus propios rezagados.
Lo que muestran los datos, categoría por categoría
La medición Cadem de la segunda semana de julio de 2026 es un buen ejemplo de esto en tiempo real. Mientras la aprobación presidencial general transitaba por su peor momento del año, la evaluación sectorial mostraba un cuadro mucho más disparejo: relaciones internacionales y defensa se ubicaron como las áreas mejor evaluadas, ambas en 44%; inmigración le seguía con 40%. En el extremo opuesto, la aprobación en el manejo de la delincuencia y el narcotráfico cayó ocho puntos hasta 36%, y la propia encuestadora identificó a la economía y el empleo como el área peor evaluada de todo el sondeo.


Esto no es ruido estadístico. Es la prueba de que un gobierno, como cualquier organización con múltiples frentes, no sube ni baja como un bloque homogéneo. Hay categorías donde mantiene una posición sólida en la cabeza de la ciudadanía, y categorías donde ha perdido, o nunca ocupó, el peldaño de liderazgo.
El error de querer ser líder en todo
Ries y Trout insisten en un punto incómodo: intentar ser fuerte en todas las categorías al mismo tiempo casi siempre termina en no ser claramente dueño de ninguna. Aplicado a un gabinete: un ministerio o una autoridad sectorial que logra construir una posición clara y reconocible en un área específica, aunque sea una sola, sostiene su evaluación incluso cuando el clima general del gobierno se deteriora. Uno que no tiene esa categoría propiamente ocupada, en cambio, simplemente se hunde con el promedio.
La pregunta que de verdad importa
Para un ministro, subsecretario, delegado presidencial o cualquier autoridad sectorial, la pregunta estratégica no debería ser genéricamente “¿cómo subo mi aprobación?”, una meta demasiado difusa para diseñar una estrategia. La pregunta correcta es: ¿cuál es la categoría específica que puedo aspirar a liderar en la mente de la ciudadanía, y hoy la estoy ocupando yo, o la está ocupando otro?
Identificar esa categoría, y construir deliberadamente la posición para ocuparla, es un ejercicio de estrategia, no de suerte ni de comunicación genérica.
Este mismo marco de posicionamiento por categoría es el que usamos para analizar el caso de las municipales 2024. Las cifras sectoriales citadas provienen de Cadem.
¿Sabe qué categoría específica ocupa hoy su gestión en la mente de la ciudadanía?
Conversemos sobre cómo construimos una posición clara y defendible, incluso en un clima general adverso.
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