Aprobación presidencial: la curva que nadie leyó bien
Leer bien la aprobación presidencial no es mirar un solo número: es entender qué corrientes distintas se están moviendo, a veces en direcciones opuestas, debajo de esa cifra. Cuatro meses. Ese es el tiempo que le tomó al gobierno del presidente José Antonio Kast pasar de una aprobación de 57% en su primera medición Cadem (marzo de 2026) a un 32% en la Agenda Criteria del 12 de julio, su registro más bajo desde que asumió, con una desaprobación que llegó a tocar 60% en la medición Cadem del 5 de julio, la peor semana del mandato hasta ese momento. Leída de corrido, esta parece una caída simple y lineal. No lo es. Y la diferencia entre esas dos lecturas es exactamente el tipo de análisis que separa una coyuntura bien entendida de un titular de prensa.
La curva, tramo por tramo
Marzo: honeymoon inicial 57% de aprobación según Cadem, 46% según Criteria en su primera medición del 15 de marzo (la diferencia de escala entre encuestadoras, dicho sea de paso, es la misma advertencia que hacíamos en nuestra nota sobre auditoría de imagen) que se corta abruptamente hacia fin de mes con la histórica alza de los combustibles, el primer evento que la propia Cadem identifica como gatillante de la primera caída.
Abril-mayo: deterioro sostenido, con la aprobación moviéndose entre 40% y 47% en abril y cayendo a un piso de 36% a mediados de mayo.
Junio: una recuperación breve 44% en la tercera semana según Cadem, cuatro puntos sobre la medición anterior, que resultó ser una pausa y no un cambio de tendencia.


Julio: el tramo más pronunciado de toda la serie. Cadem lo atribuye explícitamente al desempleo y al Imacec conocidos esa semana: la aprobación cae a 37% (5 de julio) y la desaprobación marca 60%, un récord del mandato. Criteria confirma el mismo movimiento por su lado, con una caída de 39% (28 de junio) a 35% (5 de julio) y a 32% (12 de julio).
Lo que el promedio no muestra: no es una caída, son tres
Igual que en el caso de julio de 2020 que revisamos en nuestra nota sobre auditoría de imagen, el número general esconde movimientos mucho más específicos y más urgentes.
Primero, un problema de gobernabilidad, no solo de popularidad. De los trece atributos personales que mide Cadem, los trece cayeron entre abril y julio. Pero el que más se desplomó no fue el de simpatía ni el de cercanía: fue “puede mantener ordenada a su coalición política”, que pasó de 39% en abril a 31% en mayo y a apenas 20% en julio, prácticamente a la mitad en tres meses. Eso no es un problema de imagen; es un problema de gobernabilidad legislativa concreto, y exige una respuesta distinta a la de una caída de popularidad genérica.
Segundo, un problema económico que ya no es coyuntural sino estructural. Un 56% de los encuestados por Cadem califica negativamente su situación económica personal y familiar, el nivel más alto desde marzo de 2014, y ya son quince semanas consecutivas en que las opiniones negativas superan a las positivas. Quince semanas seguidas no es una mala noticia puntual: es un estado de ánimo instalado.
Tercero, una señal de que la gestión de crisis específica sí puede mover el número, incluso en medio de una tendencia a la baja. La medición Cadem más reciente, del 19 de julio, registró una evaluación positiva del manejo del temporal que afectó al país esa semana, el único quiebre visible en una tendencia negativa de cuatro meses. Es la prueba, dentro de la misma serie, de que la caída general no es irreversible ni pareja: hay acciones específicas, bien ejecutadas, que sí logran leerse distinto por la ciudadanía incluso en medio de un ciclo adverso.
La lección, más allá de La Moneda
Ninguna autoridad, presidencial, regional o municipal, gestiona un solo número. Gestiona, al mismo tiempo, una percepción de competencia, una percepción de gobernabilidad, un estado de ánimo económico y una serie de eventos puntuales que pueden mover la aguja en cualquier dirección. Tratar todo eso como una sola cifra de aprobación es, precisamente, quedarse con la lectura más pobre de la información disponible.
La misma lógica de separar el promedio en corrientes específicas la aplicamos en nuestra nota sobre auditoría de imagen. Las mediciones citadas pueden consultarse en Cadem y en Criteria.
¿Sabe cuál de estas corrientes es la que realmente está moviendo la evaluación de su gestión?
Conversemos sobre cómo separamos esa cifra en las señales que realmente importan.
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