Inteligencia electoral: la lección que dejó 2021
Un buen ejercicio de inteligencia electoral no busca predecir el resultado exacto de una elección, sino detectar a tiempo las corrientes de fondo que un análisis superficial no ve venir. El 21 de noviembre de 2021 ocurrió algo que no había pasado ni una sola vez desde el retorno a la democracia en 1990: ni el candidato de la centroderecha tradicional ni la de la centroizquierda tradicional lograron pasar a segunda vuelta presidencial. Sebastián Sichel, con todo el respaldo del gobierno de turno y la coalición Chile Vamos detrás, quedó cuarto. Yasna Provoste, con la estructura completa de la Democracia Cristiana y el Nuevo Pacto Social, quedó quinta. Los dos partidos que habían gobernado Chile, casi sin interrupción, durante tres décadas, se quedaron fuera de la definición presidencial el mismo día.
La sorpresa dentro de la sorpresa
Si el resultado de Kast (27,91%) y Boric (25,82%) ya rompía el molde, lo de Franco Parisi fue todavía más difícil de explicar con las categorías tradicionales del análisis electoral: terminó tercero, con 12,81% de los votos, más que Sichel y Provoste juntos comparado individualmente con cada uno, sin haber pisado Chile durante la campaña. Vivía en Estados Unidos, con una orden de arraigo pendiente en el país por una deuda de pensión alimenticia, y construyó esa votación casi enteramente desde redes sociales, con un discurso frontalmente antipartidos y antiestablishment.
Ninguno de los tres candidatos que más votos sumaron esa noche era, en el sentido clásico, el candidato “institucional” de su sector.


Por qué la inteligencia electoral importó más que la maquinaria tradicional
Sichel y Provoste tenían, en la fotografía de recursos de campaña, todo lo que históricamente definía a un candidato competitivo: estructura partidaria nacional, presencia territorial construida durante años, financiamiento y el aparato del Estado o de un partido consolidado detrás. Y aun así, ninguno de los dos logró traducir eso en la primera vuelta. Lo que sí logró traducirse en votos fue la lectura correcta, o la conexión genuina, en el caso de Kast y Boric, de una corriente de hartazgo con la política tradicional que ya se venía acumulando desde el estallido social de 2019, y que la aparente fortaleza institucional de los candidatos “de siempre” no alcanzó a contrarrestar.
La lección que deja esta elección
El resultado de 2021 no se explica por errores de comunicación de Sichel o de Provoste en particular. Se explica porque la variable que definió la elección, el nivel real de rechazo al establishment político, y cómo ese rechazo se distribuía en el electorado, no estaba capturada con suficiente anticipación por quienes construyeron esas dos campañas. Cuando esa corriente se hace visible recién en el resultado de la urna, ya es demasiado tarde para responder a ella.
Leer con precisión, antes de la elección, qué corriente de fondo está moviendo a un electorado, y si la propia candidatura está del lado correcto o equivocado de esa corriente, es exactamente el trabajo de inteligencia electoral y diagnóstico de partida que hacemos en PZ antes de que una campaña defina su estrategia.
El mismo tipo de lectura anticipada de corrientes de fondo es el que aplicamos en nuestra nota sobre movilización electoral. Los resultados oficiales de esa elección están disponibles en el sitio del Servicio Electoral de Chile.
¿Sabe qué corriente de fondo está moviendo hoy a su electorado?
Conversemos sobre cómo un diagnóstico de partida bien hecho evita sorpresas como la de 2021.
LLEGAMOS A TODO CHILE
Programa una reunión

