La última medición de Criteria, aplicada a inicios de julio de 2026, ubicó la desaprobación al gobierno del presidente José Antonio Kast en 55%, su nivel más adverso desde mediados de marzo de este año. Es un dato duro, pero no es el más relevante para quien gestiona un municipio, un ministerio o una delegación presidencial. El dato relevante es otro: ¿Qué está pasando con su gestión, en su territorio, más allá del promedio nacional?
Un país dividido, también en sus expectativas
La misma medición mostró algo igual de significativo: la opinión ciudadana sobre la megarreforma de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social que hoy se tramita en el Congreso está prácticamente empatada. Un 37% considera que tendrá consecuencias favorables para el país; un 35% anticipa un impacto adverso. Casi tres de cada diez encuestados 28% directamente no tiene una postura formada todavía.


Ese empate no es casualidad ni ruido estadístico. Es la fotografía de un electorado que está evaluando, en tiempo real, si el rumbo que está tomando el país y, por extensión, cada autoridad que lo representa le sirve o no. Y las cifras agregadas que salen en la prensa nacional esconden variaciones enormes según el territorio, el perfil socioeconómico y la cercanía de cada persona con la autoridad que la gobierna directamente.
Por qué la cifra nacional puede ser una trampa
Es común que una autoridad local o sectorial mire estas cifras nacionales y concluya, por descarte, que “no es tan grave” o que “el problema es del gobierno central, no mío”. Ese es exactamente el punto ciego que más cuesta después, cuando ya hay una crisis reputacional que gestionar: la percepción ciudadana rara vez distingue con precisión entre niveles de gobierno cuando el ánimo general es de desconfianza. En contextos de deterioro nacional, el “efecto arrastre” empuja hacia abajo también la evaluación de autoridades locales, incluso cuando su gestión particular es sólida.
La única forma de saber si esto le está pasando a usted y en qué magnitud es medirlo, no suponerlo.
Lo que sí se puede hacer con esta información
Para una autoridad pública, este tipo de coyuntura nacional es, en realidad, una oportunidad de diferenciación. Mientras el promedio nacional se deteriora, quien logra demostrar con evidencia que su gestión particular está mejor evaluada o que entiende con precisión por qué no lo está tiene una ventaja comunicacional real frente a sus pares. Eso solo es posible con un diagnóstico basado en datos reales: cobertura de prensa efectiva, percepción ciudadana territorial y contexto comparado, no en intuición.
Fuente de datos: Encuesta Criteria, julio 2026.
¿Sabe cómo se está leyendo su gestión hoy, más allá del promedio nacional?
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